XVI ENCUENTRO DE ECONOMÍA PÚBLICA

5 y 6 de febrero de 2009

Crisis Financiera y Sector Público

La ciudad de Granada

Granada es hoy uno de los emblemas turísticos de España. Por población (241.000 habitantes en la capital y más de medio millón en su área metropolitana) se encuentra en la categoría de ciudad media, pero los más de dos millones de visitantes que cada año pasan por Granada la convierten en una potencia turística. El legado histórico es su bandera, pero sus punteras instalaciones de congresos y una situación privilegiada, a medio camino entre la Costa Tropical, la estación de esquí de Sierra Nevada y el tipismo de parajes como la Alpujarra, han complementado su oferta hasta convertir esta zona del Sur del país en un pequeño universo de posibilidades para el visitante.

Historia

La historia de Granada es casi la del hombre. Hoy se conservan restos de construcciones (en especial las murallas) que para los estudiosos son libros en los que leer el pasado, desde lo más remoto hasta nuestros días. La ubicación de esta ciudad y su provincia han sido determinantes en su recorrido histórico: el Mediterráneo, la protección de las montañas, los ríos, la fértil Vega... Desde antes de Cristo el Albaicín (barrio que hoy conserva una población de unos 10.000 habitantes) ha sido lugar de asentamiento de pueblos como los ibéricos y romanos, que fundaron allí la conocida como ciudad Ilíberis.

Visitas

Alhambra. Palacio, fortaleza y población al mismo tiempo. Desde su construcción en la Edad Media el conjunto monumental de la Alhambra ha pasado a la historia como un ejemplo de la cultura árabe único en el mundo occidental. Un prodigio arquitectónico que durante siglos ha quedado nublado por su asombrosa capacidad para cautivar los sentidos del visitante. La combinación de arte, ciencia y naturaleza, junto a una perfecta interacción con el entorno geográfico, son las claves de esa capacidad de ensoñación que tantos viajeros han llevado al papel.

Catedral. Más de 180 años de trabajo y media docena de arquitectos que se sucedieron al frente de esta emblemática obra explican la configuración final de este edificio, cuyos cimientos se construyeron para un diseño gótico de Enrique Egas y fue continuado al modo renacentista, según el proyecto de Diego de Siloé. La Catedral fue creada a los pocos meses de la conquista de la ciudad. El primer emplazamiento escogido fue en la misma Alhambra, en la antigua Mezquita Real. Después de su traslado al Realejo, la propia Reina Isabel decidió su ubicación definitiva, que sería junto a la Mezquita Mayor de la medina árabe, un edificio que al principio fue la propia sede catedralicia pero que luego resultó pequeño y ruinoso, por lo que se decidió levantar un inmueble de nueva planta de carácter monumental justo a su lado.

San Jerónimo. El Monasterio y la Iglesia de San Jerónimo no son una fundación más de los Reyes Católicos. Esta imponente construcción, que guarda secretos como la autoría de su traza, es un verdadero símbolo en una época en la que los conquistadores no escatimaron recursos para establecer valiosos estandartes de la nueva religión. En él se encuentran los restos del Gran Capitán del ejército español, Gonzalo Fernández de Córdoba, cuya viuda recibió la capilla mayor de manos de Carlos V. Allí se encuentra una de las obras maestras de la escultura del país, un retablo encargado en un primer momento a Diego de Siloé que luego ejecutaron diferentes artistas. Este conjunto resultó muy deteriorado tras la salida de los Jerónimos y, sobre todo, con la invasión napoleónica, cuyas tropas instalaron aquí su cuartel.

Cartuja. Sobre unas amplias huertas cedidas por el Gran Capitán (Gonzalo Fernández de Córdoba), en las afueras de la ciudad, la Orden Cartuja comenzó la construcción de un monasterio y una iglesia de los que aún se conserva buena parte, pese a los avatares sufridos tras la desamortización del siglo XIX. Tiene trazado gótico, aunque cuenta con elementos representativos del barroco más puro, como la fachada o la Sacristía, de recargado ornamento de yeso labrado y taracea. Destaca también el refectorio, decorado con grandes lienzos de Juan Sánchez Cotán.